29 August 2013

Restaurante Las Piscinas

Querido diario,


Este año ha sido "mi año" y eso que todavía le quedan unos meses de vida. Ya comentaré en otra entrada todo lo que me ha venido "regalado" y como la conjunción planetaria ha querido que este año esté siendo tan espectacular.

La historia:

Mi marido tenía familia en Tezanos, una aldea muy bucólica en lo mas profundo de los valles pasiegos, vamos que si Heidi hubiera sido española igual se hubiera criado allí entre prados llenos de vacas, gallinas, cabras, ovejas, gorrinos y demás fauna ibérica.

En el mes de enero de hace cuatro años decidimos aprovechar una de esas gangas de Ryanair y viajar desde Alicante a Santander por 7,50€. Conseguí un bonito hotel a través de Voyage privé en Puertochico (Santander). Desde allí pasamos cinco días recorriendo los alrededores y entre uno de esos viajes nos acercamos a Tezanos.

Tuvimos la suerte de toparnos con uno de los chicos del pueblo con el que solía jugar mi marido de pequeño y aprovecharon para recordar viejos tiempos y compararlos con los nuevos, que no salen muy bien parados con esto de la crisis que nos está tocando vivir.

Para abreviar: era la hora de comer y mientras nos despedíamos del amigo le preguntamos si nos podía recomendar un sitio para comer. Nos explicó que había un restaurante en el pueblo de al lado, en Villacarriedo y que curiosamente lo regentaba un vecino suyo.

Allá que fuimos pero que casi no llegamos. Como no está nada indicado nos pasamos como cinco veces la entrada del restaurante que está bastante escondido si no conoces la zona.

El restaurante:

Es el bar de la piscina municipal (o piscinas? = ni idea) y cuando por fin lo encontramos nos quedamos un poco decepcionados, bueno decir eso es poco, yo casi me doy media vuelta y busco otro lugar donde comer.

Total que entramos al bar y vemos una tasca de pueblo con dos o tres mesas con pinta de dar menús o platos combinados y poco más.

Se acerca un hombre y nos pregunta si venimos a comer y nos abre una puerta que había permanecido cerrada y nos muestra el comedor: yupiii

La comida:

Simplemente espectacular, no recuerdo muy bien lo que pedimos aquella primera vez, creo que unos de los platos era riñones, pero dejó tal marca que hemos vuelto dos veces más. El único plato que recuerdo con mucha claridad fue el postre: tarta de queso. Y qué tiene de nuevo una simple tarta de queso? El ingrediente secreto: el quesuco pasiego que se prepara con la leche de las vacas de verdad que pastan en el valle del mismo nombre y que hace que cuando pruebas un bocado parece que el tiempo se detiene y tu sentido del gusto se eleva a la máxima potencia.

Segunda vez:

- anchoas del cantábrico con quesuco pasiego
- ¿? 
- lechazo al horno OMG!!!
- la tarta de queso, que era el motivo del desvío de 300km

Tercera vez:

- ensalada de tomates, quesuco y fresas (estas últimas de las de verdad, de verdad: con sabor)
- alcachofas estofadas con finas tiras de jamón serrano
- albóndigas de buey
- callos de buey wagyu (el de Kobe de toda la vida jijiji vamos que se ha puesto de moda)
- cabrito al horno
- tarta de queso y media ración de arroz con leche que se dejó mi marido 

Los vinos:

No he mencionado los vinos porque no somos muy expertos, tan solo llevamos algunos años aprendiendo a catar y visitando bodegas aunque tengo que decir que a mí me gustan todos, lol.

Tienen una carta muy extensa de vinos, aparte de los que tiene fuera de carta. Al menos el primer año nos dijo que tendría alrededor de unos 150 distintos.

El precio:

Te cobran la calidad de la comida y el trato es ejemplar por lo que pagas muy a gusto. Recuerdo que la segunda vez pagamos algo menos de 70€ y esta última unos 82€ porque pedimos más platos pero contando con la botella de vino y los postres no me parece exagerado y el precio es el total para dos personas.

Inconvenientes:

Vivir tan lejos, aunque con el clima que tienen allí opto por quedarme con el solecito y ya volveré otro año.


Una experiencia para repetir, seguro que en el futuro volveremos a Las Piscinas!!!